El Papalo es un Roy 32 construido en 1982. Al comprarlo, no tuve dudas en ignorar 2 tradiciones náuticas que ya no están tan en boga como antes, y que son que los nombres de los barcos no se deben cambiar y que deben ser femeninos. El nombre Papalo fue la elección natural (antes se llamaba Interdit II), porque fue a través de él que muchos de sus nietos nos iniciamos en el contacto con los barcos y el rio. El espíritu que animó la compra del Papalo fue, similar a la del Viejo San Telmo pero nunca en esa escala, tener una alternativa más para compartir momentos en familia, una excusa para reunir parientes y amigos de distintas generaciones unidos por el deseo de pasar un momento relajante sintiendo la brisa y las olas. Quise también que fuera una buena combinación de barco para crucero, sólido y confiable, y de buen navegar. Por último, la calidad de su carpintería interior me fascinó desde el primer momento que lo ví, uno realmente se siente a gusto en su interior. El Papalo ha cumplido con creces su rol, y ojalá su nombre perdure por muchos años más en el Río, prolongado la memoria de quién le dio su nombre. Anecdotas
La embestida del Lambaré
“Pues, aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar. Y, en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante; y, dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. ”
Capitulo aparte merece la aventura de mi hermano Nacho que embistió de noche y en medio de un temporal al buque hundido Lambaré, frente a la costa uruguaya. Ese choque le costó la arboladura, que debió ser cortada para despegar al Papalo del Lambaré, y por lo cual hoy el Papalo cuenta con mástil y jarcia nueva. Aún hoy el Papalo porta algunas cicatrices de ese mal rato, que por lo menos a mi no me ofenden porque son como cicatrices de la vida: “Si algo no te mata, en realidad te hace más fuerte”. Creo vale la pena que Nacho escanee el relato que quedó escrito en la bitácora del Papalo y lo agregue a este blog, lo dejo a su discreción.
Hombre al agua
Quizás el cuento haya sido agrandado un poco por algunos testigos (llámense las hermanas Gloria y Chichita de Ezcurra), pero debe sin duda haber sido un gran momento en el anecdotario familiar, el momento en que el gallardo Rafael de Ezcurra, el único hombre a bordo, garante de la seguridad de su mujer y sus hermanas, cayó vergonzosamente al agua empujado por un elemento móvil perfectamente identificado: la botavara…
La Calavera
Un viernes cualquiera, con algunos amigos (Diego y Enrique Miguens, Santiago Madero, Carlos Galmarini) hicimos una rabona del trabajo y nos fuimos a navegar en el rio, en una tarde espléndida, absolutamente solos y sin tener que dar cuenta a nadie. Llamábamos por teléfono a nuestros amigos en el microcentro pidiéndoles que miren hacia el rio, y si veían una vela, éramos nosotros! Estando abajo organizando el mate, se me ocurre mirar el GPS y veo una calavera negra dibujada justo en frente del barco, y les grito que miren adelante a ver que era. Carlos “Tote” Galmarini, quién estaba timoneando, responde cándidamente “son un par de boyas nomás, pero estoy apuntando a pasar por el medio…”, si por el medio de las boyas que marcaban la proa y la popa del Norma Mabel…
Regata contra el Juana Maria
Ni el Papalo ni los que habitualmente lo tripulamos somos regateros, pero un día lo anoté en la Regata a Quilmes. Agustín Ezcurra sería el capitán, secundado por Héctor, Nacho Nores y yo. Recibimos algún desafío del Juana Maria, con Enrique padre e hijo, y Lolo Nores. Mantuvimos el bajo perfil, al no conocer lo que el Papalo podía dar, pero claramente le queríamos dar una paliza. Agustín demostró gran pericia en la largada, siendo el único barco en aproximar la línea de largada amurado a babor, obligando a muchos a virar en redondo…salimos primeros con unos 50 metros de ventaja al segundo, se agrandó Chacarita! Al rato nos dejaron como poste los barcos mas nuevos y ligeros, pero la regata con el Juana Maria venia palo y palo. Luego de varias horas de incertidumbre, llegamos los dos barcos en bordes opuestos a la línea de llegada, con muy poco viento, a paso de tortuga, y pasó el Papalo primero por unos 10 metros, desatando la alegría de su tripulación.
El Papelón de la Regata a Colonia
Págamos cara la improvisación. La tripulación estaba conformada por Enrique Ezcurra, Rodrigo Ezcurra, Joaquin Madero y Gabriel Nores. Salvo Enrique, el resto principiantes. Como la bomba de agua estaba algo tapada, el motor no podía andar a mucha velocidad, y encima estábamos confundidos acerca de la hora de largada, por lo cual estando todavía a un kilómetro de distancia vimos la flota desplegar los spinnaker y partir, sin nosotros. A la hora de izar el spinnaker, hicimos todo mal y quedo enrollado, hubo que hacer todo de vuelta. Una vez que pasamos la largada, el experimentado Enrique que sin duda debe haberse masticado la bronca, con mucha sabiduría propuso sacar los salamines y el queso y por lo menos disfrutar del paseo. A la hora del regreso tuvimos un papel mucho más lúcido, salvo por la decisión de dejar abierto el tambucho de proa para mitigar el calor… a la hora de cambiar de lado el tangón, mientras el Genoa cubría la cubierta de proa, Rodrigo da un paso y uuuppps se cae por el tambucho. Se hizo cajeta nomás, sacándose el hombro. Las dos horas que restaban se la banco calladito mirando el horizonte.
Gabriel Nores
1 comentario:
Que historia tan romántica y a la vez tremenda la del Papalo, que ha sido de la vida del hermoso Bajel? Muy buenos Vientos!!!!
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