martes, 28 de julio de 2009

"La doradera asesina"

Esa doradera que sostengo en la mano, todavía la tengo. Como verán, es una boya grande, de la cual cuelga un trapecio de acero con dos anzuelos bastante grandes.

Esa doradera es inconfundible por dos razones: porque le pinté esa raya naranja gruesa para verla mejor en el río al sol y porque tiene una muesca.
La historia es así: volviendo en la "Piraña", de pescar con María Ezcurra, María Florencia Smart, Papalo, y varios chicos, algún problema tuvo la lancha (¿habrá levantado temperatura?) y Papalo levantó la tapa del motor. Este quedó el andando y descubierto, mientras Papalo revisaba las mangueras, la salida de agua, etc.. Las olas de las lanchas que pasaban hamacaban el barco y como las cañas estaban todavía sin desarmar, las doraderas rodaban por el piso, molestando. María Florencia, para contribuir a dominar el caos, se agachó a levantar los anzuelos y justo la boya rodó hasta quedar al alcance de una correa, que la mordió (haciéndole una muesca) y le hizo dar un fuerte tirón. Eso hizo que el anzuelo se le clavara en la palma de la mano, a la altura de la parte carnosa de la base del pulgar. El anzuelo quedó enterrado hasta el fondo (con ninguna posibilidad de resolver el tema a bordo) y María Florencia ya estaba pálida (aunque se la bancó bastante bien). Para peor el motor seguía sin andar bien, así que no podíamos acercarla al hospital. Hicimos señas a un crucero que pasaba y se subieron ella y creo que María, y las llevaron hasta Tigre.
Después nos enteramos que en el hospital de Tigre (que tienen mucha experiencia con estas cosas), directamente le clavaron el anzuelo aún más, haciéndolo asomar la punta por el dorso de la mano y cortándola con una tenaza. Me acuerdo de eso cada vez que veo "la doradera asesina" en mi caja de pesca.

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